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HAMBRE EMOCIONAL

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Acabar con el hambre emocional no es tarea fácil, pero conocer cuáles son las emociones y rutinas que nos impulsan a comer cuando nuestro organismo no está pidiendo ningún alimento, es el primer paso para empezar a ponerle freno.

Aburrimiento, soledad, estrés, ansiedad, tristeza, ira, enfado, abatimiento, depresión o baja autoestima son algunas de las emociones y situaciones que llevan, con más frecuencia, a una persona a comer de forma impulsiva sin mirar las consecuencias. Esa forma de comer vinculada a las emociones (negativas principalmente) se conoce como hambre emocional y puede tener consecuencias para la salud.

Es muy importante distinguir los tipos de hambre:

Hambre física:

  • Se activa por una necesidad fisiológica del organismo para cubrir las necesidades energéticas.
  • Aparece poco a poco, gradualmente en relación a las reservas energéticas y nutricionales del organismo.
  • Se sienten las sensaciones de saciedad una vez ingerida una cantidad de comida suficiente para nuestro organismo.
  • La sensación se experimenta en el estómago.

Hambre emocional:

  • Se activa por un estímulo interno o externo que produce determinada emoción en la persona.
  • Puede aparecer repentinamente , incluso después de sentirnos ya saciados por una ingesta previa suficiente.
  • Cuesta distinguir las sensaciones de saciedad una vez ingeridos los alimentos.
  • Pueden ser experimentadas sensaciones en otras partes del cuerpo.

¿Por qué cuando tenemos ansiedad nos entra hambre?

La ansiedad hace que segreguemos cortisol y otras sustancias que nos mantienen alerta. Por eso, entre otras cosas, cuando tenemos ansiedad nos cuesta dormirnos.

Existe un mecanismo fisiológico que lo explica muy bien. Para empezar, tenemos dos hormonas que gobiernan nuestros instintos con la comida. Simplificando, todo depende de la leptina y la grelina.

La leptina es la hormona de la saciedad. Cuando llevamos un rato comiendo se liberan unos compuestos que mandan señal al cerebro de “frena y no comas más”.

Por el contrario, la grelina es otra hormona que se libera cuando necesitamos comer y envía la señal de hambre. Esto ocurre, por ejemplo, cuando disminuye la glucosa en sangre y manda la señal de que se nos están agotando las reservas (la causante de que el estómago gruña).

¿Qué tienen que ver la leptina y la grelina con la ansiedad?

Concretamente la grelina tiene mucho que decir. Esta hormona que se produce en el estómago y se transporta por la sangre, también influye en los estados de ánimos negativos, como el estrés, a ansiedad y la depresión.

La grelina no es la responsable de todo pero sí es cierto que con el estrés aumenta su cantidad en sangre, se intensifica el estímulo sobre el hambre y aumentan las ganas de comer.

En definitiva, tenemos que ser más conscientes a la hora de alimentarnos y algo que podemos hacer para empezar a cambiar esta situación es:

  1. Beber agua antes de comer para reducir la ansiedad y provocar un estado de calma antes de comer.
  2. Comer tranquil@ y sentad@: Es importante sacar un tiempo prudente para comer sin prisas.
  3. Identificar cuando tenemos hambre e intentar comer sólo cuando nuestro cuerpo lo identifique. Necesitamos controlar nuestros impulsos , sobre todo a nivel social.
  4. Comer despacio: para conseguirlo hay que reservar por lo menos 20 minutos para comer.
  5. Utilizar todos los sentidos. No solo el sentido del gusto, sino todos los que podamos para poder poner toda nuestra atención en la sensación que nos produce ese alimento.
  6. No hace falta sentir que tenemos el estómago completamente lleno para parar. Nuestrocerebro tarda unos 15 minutos en enviar el mensaje de que está satisfecho, debemosdarle ese tiempo.
  7. Masticar bien. NO engullir los alimentos.
  8. Tragar toda la comida antes de dar el siguiente bocado.
  9. Realizar un menú diario de comidas.

Ganar la batalla al hambre emocional:

Hay que tener presente es que el hambre del corazón no será saciada jamás con alimentos. Cuando aprendemos a comer de manera consciente , con presencia y atención, brota una sensación de intimidad y conexión. Aprender a abrir espacios donde sentirse cómod@, sin distracciones y enfocad@ en escucharse atentamente mientras se come, es fundamental para crear esa intimidad. Usar cada sentido (tacto, vista, oído, olfato y gusto) para aprender a saciar el hambre fisiológica y distinguirla del hambre emocional es determinante. Aprender a identificar y a gestionar el hambre emocional conlleva un provechoso y, a la vez, intenso viaje por el que comprender nuestra relación con la comida, con nuestros afectos y emociones, con nuestro cuerpo… En definitiva, con la vida.

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