La pasta es uno de los alimentos más presentes en nuestra alimentación y uno de los más versátiles de nuestra cocina. Se puede preparar de muchas maneras y combinar con verduras, pescado, carne, legumbres o aceite de oliva, dando lugar a platos completos y variados.
La pasta está elaborada principalmente con sémola de trigo duro y agua, y su principal componente nutricional son los hidratos de carbono complejos. Estos nutrientes proporcionan energía a nuestro organismo y son especialmente importantes para el funcionamiento del cerebro y de los músculos. Además, aporta proteínas y pequeñas cantidades de otros nutrientes, mientras que su contenido en grasa es bajo cuando hablamos de la pasta en sí, sin contar los ingredientes que añadimos durante su preparación.
A pesar de que en ocasiones se ha cuestionado su papel dentro de una alimentación saludable por su contenido en hidratos de carbono, la pasta puede formar parte perfectamente de una dieta equilibrada. La cantidad adecuada dependerá de las necesidades de cada persona, su actividad física y del conjunto de su alimentación.
Tampoco es necesario eliminarla por miedo a ganar peso. La pasta, por sí sola, no determina que engordemos; lo importante es el conjunto de la alimentación y los hábitos que mantenemos a lo largo del tiempo. Por ello, más que eliminar determinados alimentos, debemos aprender a elegir las cantidades y los acompañamientos adecuados.
El secreto está en cómo la preparamos
Una de las grandes ventajas de la pasta es su versatilidad. Podemos convertirla en un plato muy completo combinándola con verduras, legumbres, pescado, huevo, carnes magras o tofu, y utilizando aceite de oliva virgen extra como fuente de grasa saludable.
Por ejemplo, unos espaguetis integrales con verduras y pescado aportan hidratos de carbono, fibra, proteínas, vitaminas, minerales y grasas saludables.
En cambio, cuando añadimos grandes cantidades de salsas grasas, queso, embutidos u otros ingredientes muy calóricos, el resultado nutricional del plato cambia considerablemente.
Por eso, no se trata de evitar la pasta, sino de integrarla dentro de un plato variado y equilibrado, dando protagonismo a alimentos de buena calidad nutricional.
¿Pasta normal o integral?
Tanto la pasta convencional como la integral pueden formar parte de una alimentación saludable. Sin embargo, optar habitualmente por la versión integral es una buena manera de aumentar el consumo de cereales integrales y fibra.
La principal diferencia es que la pasta integral se elabora con el grano entero, conservando sus diferentes partes, incluido el salvado y el germen. Por ello, generalmente aporta más fibra y determinados micronutrientes que la pasta refinada.
La fibra es uno de sus principales beneficios. Contribuye al funcionamiento normal del aparato digestivo, favorece un adecuado tránsito intestinal y puede aumentar la sensación de saciedad. Además, los cereales integrales forman parte de patrones de alimentación asociados a beneficios para la salud cardiovascular y metabólica.
En definitiva, la pasta es un alimento nutritivo, energético, económico y muy versátil que puede formar parte de una alimentación saludable. Su contenido en hidratos de carbono no debe ser motivo para eliminarla de nuestra dieta y, dentro de sus variedades, la pasta integral destaca especialmente por su aporte de fibra y por conservar los componentes del grano entero.
La clave está en las cantidades, la variedad y la calidad del conjunto del plato. Acompañada de verduras, proteínas saludables y grasas de buena calidad, la pasta puede convertirse en una opción sencilla, equilibrada y deliciosa para toda la familia.



